miércoles, 13 de mayo de 2015

Dios nunca parpadea

En este proceso de duelo por el que vivo he encontrado un refugio en la lectura. No solo de novelas que es algo que me gusta leer, si no también en un libro que cuando escuché de él inmediatamente lo compré, se trata de: Dios nunca parpadea, de la periodista estadounidense Regina Brett. Ella es una columnista en un diario de Ohio, sus temas comenzaron a tener mucho éxito y de ahí surgió la idea de recopilar las mejores 50 en un libro. Ella es una sobreviviente del cáncer de mama, fue madre soltera muy joven y ha tenido que enfrentarse a sus miedos para hacer lo que más le gusta: escribir. 

En sus 50 lecciones toca temas tan comunes y simples por los que muchos hemos pasado o conocemos a alguien que ha vivido experiencias similares, de repente pareciera que el libro esta escrito pensando en cada uno de los que lo están leyendo. Fue una buena elección de lectura para terminar mi día. Antes de dormir me proponía leer una lección y acababa leyendo 2 ó 3. En muchas me vi reflejada al 100%. Lloré, reí, recordé con nostalgia y me dije: todo pasa, vamos a continuar. Las últimas lecciones fueron las que más me conmovieron, en especial la No. 49 "Cede". Recordé los últimos meses de vida de mi esposo, nuestra lucha diaria ante su enfermedad. 

Como dice Regina, la vida no es justa, pero aún así es buena y aunque no traiga un moño es un regalo, el simple hecho de respirar, de caernos y levantarnos para intentar todo de nuevo. 

La vida es un tesoro que debemos apreciar y a veces hay que tomar las cosas malas y verlas desde otro punto de vista. Leyendo me topé con la historia de una persona que hablaba de que su hermano había sido herido y murió al mes. Esa persona no se lamentaba, decía: Dios le dio 30 días para despedirse. Hay que cambiar la visión que tenemos de las cosas. Cuando estaba en el hospital con mi marido, una de tantas veces, yo me pusé a llorar desconsolada en el pasillo, en eso se acerco a mi un enfermero y me dijo: Recuerda que son 7 años de vacas flacas y 7 de vacas gordas. Es duro lo que vives pero hasta de esto ve el lado bueno, estás con él. Disfruta aunque suene ilógico estos momentos, porque cuando ya no esté tendrás la satisfacción de que no lo abandonaste. Y vaya que tuvo tanta razón. Así que aunque la vida nos muestre el lado malo, hay que tomar esas experiencias y aprender y continuar. 

Por lo pronto les dejo los títulos de las 50 lecciones, dense un pequeño espacio para leerlo, vale la pena:

1. La vida no es justa, pero aún así es buena.

2. En caso de duda, simplemente da un siguiente pequeño paso.
3. La vida es demasiado corta para perder el tiempo odiando a alguien.
4. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.
5. Liquida tus tarjetas de crédito cada mes.
6. No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo.
7. Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.
8. Está bien si te enojas con Dios. Él lo puede soportar.
9. Ahorra para la jubilación comenzando con tu primer cheque de pago.
10. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.
11. Haz las paces con su pasado para que no se arruine tu presente.
12. Está bien dejar que tus hijos te vean llorar.
13. No compares tu vida con la de los demás. No tienes idea de cómo es su travesía.
14. Si una relación tiene que ser secreta, mejor no tenerla.
15. Todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Pero no te preocupes, Dios nunca parpadea.
16. La vida es demasiado corta para llenarla de penas.
17. Puedes superar cualquier cosa si vives el presente
18. Un escritor escribe. Si quieres ser escritor, escribe.
19. Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz. Pero la segunda depende de ti y de nadie más.
20. Cuando se trata de perseguir lo que amas en la vida, no aceptes un no por respuesta.
21. Enciende velas, utiliza sabanas bonitas, ponte ropa interior de lujo. No guardes nada para una ocasión especial. Hoy en día es especial.
22. Prepárate al máximo y déjate llevar por la corriente.
23. Sé excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo.
24. Recuerda que el órgano sexual más importante es el cerebro.
25. Nadie está a cargo de tu felicidad, excepto tú.
26. Enmarca todo supuesto “desastre” con estas palabras: “¿En cinco años esto importará?”
27. Elige siempre la vida.
28. Perdónale todo a todos.
29. Lo que otros piensan de ti, no es de tu incumbencia.
30. El tiempo cura casi todo. Dale tiempo al tiempo.
31. Por más buena o mala que sea una situación, algún día va a cambiar.
32. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y tu familia sí. Mantente en contacto.
33. Cree en los milagros.
34. Dios te ama por lo que Dios es, no por lo que hayas hecho o dejado de hacer.
35. Lo que no te mata en realidad te hace más fuerte.
36. Llegar a viejo es mejor que la alternativa… morir joven.
37. Tus hijos solo tienen una niñez. ¡Qué sea memorable!
38. Lee los Salmos. Ellos cubren cada emoción humana.
39. Sal a la calle todos los días. Los milagros están a la espera en todas partes.
40. Si juntáramos todos nuestros problemas y viéramos, a la vez, los de los demás, querríamos los nuestros.
41. No cuestiones la vida. Solo trata de sacar el máximo partido posible de ella.
42. Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o alegre.
43. Todo lo que realmente importa al final es si has amado.
44. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.
45. Lo mejor está aún por llegar.
46. No importa cómo te sientas; levántate, vístete y preséntate.
47. Respira profundamente. Eso calma la mente.
48. Si no pides, no recibirás.
49. Cede.
50. La vida no está envuelta con un lazo, pero aún así es un regalo.




jueves, 16 de abril de 2015

Todo tiene solución, menos la muerte

Cuando escuchaba la frase de:

Todo tiene solución menos la muerte...

Me quedaba pensando y decía: no, porque yo tengo este problema y no puedo resolverlo. Sentía que el mundo se me venía encima. Pero conforme uno envejece se va dando cuenta que es cierto, que todo se puede solucionar, que por más grave que se vean las cosas, siempre encontraremos una manera de resolverlas. Lo que no se puede solucionar es la muerte, cuando esta llega no se puede hacer nada por retener a esa persona, porque sus ojos no se cierren para siempre...

Hace 3 meses que mi esposo falleció y esa frase no deja de rondar por mi cabeza. En este periodo de tiempo se han acercado a mi infinidad de personas, unas con la intención de consolarme y otras solo por el morbo de saber que sucedió. Algunas con sus palabas de aliento o abrazos me han reconfortado pero otros al no saber que decir me hacen sentir peor. Que te digan: No te lo puedo traer de nuevo... Eso lo sé, nadie puede traer a otra persona de la muerte. Claro que me gustaría ver a mi esposo, volver a abrazarlo, platicar con él, pero ¿creen que soy ingenua? Se perfectamente que el tiempo no se puede volver atrás y no puedo traer a mi esposo conmigo otra vez. 

En una ocasión me encontraba llorando, estaba muy triste y una persona me dice: todos tenemos tribulaciones. Me quede muy seria e inmediatamente vino a mi mente: Todo tiene solución menos la muerte. Sí, todos tienen problemas y yo no quiero ponerme en un escalafón y liderarlo o que la gente me tenga lastima por ser viuda. Pero repito, todo se resuelve. La persona que me lo dijo, acababa de ser despedido y yo solo me dije: esta persona se siente mal pero puede buscar y conseguir otro empleo, mi dolor es porque jamás volveré a ver a mi esposo. En verdad la muerte no tiene solución, cuando alguien se va es para nunca volver más que en sueños. 

Desde que mi esposo falleció me han pasado infinidad de cosas. Hace unos días tuve un pequeño accidente de auto, y todo lo he tomado con una calma increíble que hasta me sorprendo a mí misma, porque soy una neurótica que cuando algo no sale bien, estalla en desesperación. Mientras esperaba al ajustador, solo me decía: no pasa nada, todo se va a resolver. Y es que cuando te enfrentas a la muerte de un ser querido, lo demás se vuelve irrelevante. No es que la vida no me importe, tengo planes aún con mi dolor, mi vida sigue, pero creo que ya enfrente la prueba más dura que Dios me pudo poner, continuar viviendo sola y con un dolor y un hueco en el corazón. 

Como dicen, todo pasa, todo cambia... así que cada que tengamos un problema que nos agobie y sintamos que no podemos, respiremos, las cosas se solucionan solo es cuestión de enfriar la cabeza, pensar claro y actuar. Lo único que no se puede solucionar es la muerte, esta llega y no hay manera de impedirla. 



jueves, 26 de marzo de 2015

La vida sigue su curso

Han pasado 2 meses y medio de su partida y lo extraño cada día más. Todos dicen que con el tiempo el dolor va a ir menguando pero en mi caso es al revés, cada día me duele y lo extraño más. Todas las noches antes de dormir, por más que intento estar bien rompo en llanto. Me hace falta su presencia, me hace falta su beso y su: hasta mañana. 

El mundo siegue girando, los días pasan, las cosas no se detuvieron solo porque él se fue. Yo tengo que continuar pero es tan difícil sola. Es tan pesado con tantos recuerdos. Pero es peor con tantos planes que se truncaron. 

Trato de ser fuerte, de que la gente me vea bien, porque detesto que me tengan lastima y compasión. Y me molesta que me digan: ¿qué tienes? ¿por qué lloras? Son cosas que no se preguntan, estoy triste. Trato de no llorar frente a los demás, pero a veces mis ojos están rojos o se ven muy pequeños porque en ocasiones se me va el sueño y comienzo a recordarlo. 

Para la gente es fácil decir: eres joven y vas a rehacer tu vida. Estoy tan cansada de esos comentarios. Creen que puedo sacar de mi corazón al que fue mi mejor amigo, mi esposo. El hombre que me volvía loca, que me encantaba. Del que estaba perdidamente enamorada. Con el que aprendí un sin fin de cosas. Siempre lo llevaré en mi mente y corazón. 

La vida sigue, si, pero es tan duro cuando hay que sonreír aunque por dentro uno está destrozado. Tengo que continuar aunque me cueste trabajo. 


Todo me recuerda a ti,
Tu sombra sigue aquí.

Pues cada paso que doy,
Cada historia de amor,
Todo, todo me recuerda a ti.

Incluso el aire huele a ti…




domingo, 8 de febrero de 2015

Un mes sin él...

Ya transcurrieron 30 días de su partida... En ocasiones me cuesta entender y comprender que ya no lo veré nunca más. A veces me siento en paz y tranquila, porque sé que está descansando pero hay ocasiones en que rompo en llanto porque lo extraño bastante. 

Todos dicen que el dolor irá menguando y que dentro de un año mi duelo habrá terminado. Pero siento que nunca voy a poder recuperarme. Él era la persona más importante de mi vida. Sin él me siento vacía, incompleta y muy indefensa. 

A pesar de que en los últimos meses estaba muy enfermo, aún así yo me sentía protegida y segura a su lado. Hoy siento que me cortaron en dos y que si tengo un problema, no voy a poder enfrentarlo sola. El siempre era quien me ayudaba en todo. A parte de que tenía mucha fe en mi, siempre me echaba muchas porras. 

Quisiera regresar el tiempo unos meses nada más para verlo, para abrazarlo y decirle: Te amo y nunca voy a volver a querer a alguien como te quise a ti. Eso es un hecho, él quedará tatuado en mi mente y en mi corazón por siempre. Dejo un hueco enorme que nadie podrá llenar. 

Dicen que estoy joven y que en algún momento tendré que rehacer mi vida, tener otra pareja y formar una familia. En estos momentos eso es algo que no me interesa y que siento que jamás habrá alguien que me acepte a mí con él. Porque él siempre estará presente en todo. Se fue físicamente pero se quedo espiritualmente viviendo en mi mente y en mi casa. Aún siento que al despertar él estará recostado a mi lado viendo la televisión. Cuando estoy en otra habitación de la casa, a veces siento que cuando llegué al que fue nuestro cuarto lo voy a ver acostado y que me dirá: Amor, ven, siéntate conmigo...

Pero inmediatamente la realidad me golpea y me hace ver que ya no está conmigo, que nunca más lo veré y eso duele mucho... Se quedaron tantas cosas inconclusas, tantos planes y proyectos truncados. 

Sé que tengo que continuar con mi vida pero como hacerlo si la mitad de esta se esfumo?

lunes, 26 de enero de 2015

Partida

El 21 de Agosto de 2004 conocí al único hombre que me ha paralizado con su sonrisa y que desde que lo vi me gusto bastante. Ese chico y yo comenzamos una relación amorosa el 11 de Septiembre de ese año. Vivimos infinidad de cosas juntos, realizamos viajes, aprendimos uno del otro. Tuvimos nuestros altibajos como cualquier pareja pero fueron más los momentos buenos. 

Desde que se presentó y comenzó a visitarme, me dijo que padecía diabetes (en ese entonces tenía ya 10 años con la enfermedad). Al principio me sacó de onda y aunque mucha gente me decía: Déjalo, yo ignoré a todos y me embarqué en una relación que me ha dejado el mayor de los aprendizajes. 

El 11 de Noviembre del 2011 nos casamos. Todo parecía ir excelente. Nuestra boda fue un pequeño brindis con los amigos y familiares más cercanos. Escogimos una fecha muy especial y que nos gustó como se veía escrita: 11 11 11. Pero en el 2012 comenzó con complicaciones renales, a cada rato terminábamos en el hospital. 


Fue en marzo del 2014 que debido a varios padecimientos perdió su empleo y su seguro de gastos médicos mayores, su atención ahora sería en el sector público donde comenzaría el vía crucis. A partir de agosto iniciaría una serie de internamientos por diferentes causas, la primera por una fuerte descompensación y estado urémico que lo mantuvo varios días inconsciente, luego por una hipoglucemia que casi le provoca un coma diabético, tuvo que ser entubado y pese al diagnóstico reservado de los doctores, mi esposo salió adelante. En diciembre entró a quirófano para el retiro del catéter de diálisis y desde ahí su salud se deterioró en cuestión de días. Lo infectaron con peritonitis. Como sus defensas estaban muy bajas contrajo una infección urinaria, una gripa muy fuerte, luego otra infección respiratoria y luego al parecer neumonía que acabó con su vida la madrugada del 7 de Enero del 2015. 

Han pasado ya varios días y aún no puedo creer que ya no esté aquí, que partió, que me dejó sola. Que a mis 34 años soy viuda, que me siento completamente perdida y que no se qué va a ser de mi vida. Extraño mucho su presencia, su voz y aunque sé que está descansando, me siento muy intranquila...

"Uno siempre se va antes 
y es muy difícil para el que se queda"... 
Okuribito (Película japonesa)

Si, es muy duro enfrentar la vida solo, cuando tenías planes y proyectos con tu pareja, cuando conviviste tantos años. Ahora a comenzar de nuevo sin él...








sábado, 20 de septiembre de 2014

Mi pequeña familia

Mi núcleo familiar solo lo componemos mi esposo, mi pequeña Coffee y yo. Tal vez muchos me tachen de loca por incluir a mi perrita, pero no es solo eso, es mi hija. Si leen bien. Es una criatura que llegó a mi cuando era un cachorrito de 2 meses, a quien yo eduqué y de la que estoy muy orgullosa. Es la bolita de pelos más tierna, obediente, amorosa y hermosa que he visto en mi vida. 

Los 3 pasamos la mayor parte del tiempo juntos, ella nos acompaña cada que se puede a la calle. Es incluida en todo, hasta en nuestras fotos. Muchas veces mi esposo y yo platicamos sobre como hubiera sido nuestra vida sin ella y concluimos que muy aburrida. 

Aún no tenemos hijos y por el momento pueden esperar. Aunque ya no somos unos niños, todavía no estamos listos. Falta que nos compenetremos más como pareja, que disfrutemos de ambos, de nuestro tiempo. Porque cuando los hijos lleguen, ellos serán nuestro mundo. 

Una amiga, cuando eramos solteras decía: Cuando me case, tendré muchos hijos, para que me cuiden cuando sea viejita...Yo siempre le decía que no viera las cosas así, porque tener hijos no le garantizaba el que la verían de anciana. A veces es triste que teniendo una familia, esta desparezca cuando hay problemas o cuando los padres llegan a la senectud. 

Hace unas semanas, mi esposo y yo vivimos una situación grave y fue triste ver que a veces la familia es quien menos te da la mano. Esta prueba nos unió más como pareja. Eso es lo más importante. 


Por eso, mientras mi familia se va formando, disfrutaré de mi esposo y mi perrita, que conforman mi mundo. 

jueves, 3 de julio de 2014

Mi tierra

Yo soy originaria de la Ciudad de México, aunque hace 24 años me mude al norte del país. Voy esporádicamente a mi tierra, la cual al principio extrañaba mucho. En especial echaba mucho de menos la comida y a mi prima con la que crecí. Con el paso del tiempo me adapte al norte, pero en mi última visita al D.F. me atacó la nostalgia y unos deseos inmensos de quedarme ahí. Dicen que la tierra llama y la mía me reclama a gritos. Extraño cada pedazo del D.F. la gente, la comida, el clima, pero en especial a mi familia. Creo que lo único bueno de vivir tan lejos, es que cuando voy nos vemos con tanto cariño y amor. Eso es lo que más me gusta, que a pesar del tiempo y la distancia, el lazo afectivo continua tan fuerte.

Esta última vez fue muy especial, porque mi esposo me acompaño, y tuvo la oportunidad de conocer más a mi familia. Los cuales lo trataron genial, algo que me hizo inmensamente feliz.

Aunque el viaje se hizo en especial para celebrar el 90 aniversario de mi abuelito, también pudimos darnos una vuelta por algunas partes del D.F. Visitamos Cuicuilco, que yo no conocía y para mi es algo tan especial que en medio de la gran urbe todavía haya pequeños rastros de nuestra antigua civilización. Que tengo que confesar que amo la historia pero en especial me apasiona leer sobre las culturas precolombinas. Fue un viaje corto y paseos muy pequeños, porque ir al D.F. requiere de mucho tiempo y cuando tienes una familia tan grande es imposible hacer todo. Una semana que se fue como agua, pero en la que reí, comí y caminé mucho. 

A esperar mi próxima visita...





Ir a Coyoacán y no comer nieve es como no haber ido